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metros de altitud se asienta Marvao, pareciendo vigilar desde
su altanero enclave la frontera. Su imponente castillo, sus
calles empedradas y sus casas blancas con puertas de castaño,
dinteles de granito y barandillas de hierro forjado otorgan
a la villa un agradable aspecto medieval. Da la sensación
de ser un pueblo olvidado en el tiempo, perdido en medio
de la densa arboleda que lo rodea.
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